Denise Lin en su libro “Hogar sano” nos dice que “todo es energía”. “Los antiguos indígenas americanos sabían que todas las formas de vida, desde las nubes hasta los árboles o el búfalo que vagaba por las grandes praderas, eran muestras efímeras y agitadas de energía. Toda forma de vida es energía. Estamos inmersos en un océano de energía. La energía que nos rodea fluye y se mueve en corrientes incesantes y siempre cambiantes a través del tiempo y del espacio. Los físicos reconocen que los átomos y las moléculas que forman todas las cosas se encuentran en constante movimiento.”
Los chinos han desarrollado a través de siglos el estudio de la armonización de la energía en el hábitat. A esta ciencia la llaman Feng Shui, expresión que significa viento y agua.
Según la enciclopedia sínica el Feng Shui es “El arte de disponer las moradas de los vivos y de los muertos a fin de cooperar y de armonizarse con las corrientes del flujo cósmico.” Conseguir la armonía con el Universo recuperando el equilibrio entre el cielo y la tierra, el yin y el yang, el hombre y la naturaleza.
Los chinos han observado que en la naturaleza, en las ciudades, en los edificios, así como en el hombre, circula energía. En el arte de la colocación de los objetos estudian sus interrelaciones para que la energía que circula entre ellos sea saludable para el hombre.
Gracias a la difusión del yoga, la acupuntura y otras técnicas orientales para mejorar la salud del hombre, Occidente ha ido incorporando poco a poco el conocimiento de la existencia de la energía que circula por nuestro cuerpo. No sólo nos alimentamos con oxígeno, frutas, verduras, etcétera, sino que hay algo más, el alimento energético que los hindúes llaman prana y los chinos chi. Si nos falta o si está mal distribuido o interrumpida su circulación, nuestras fuerzas flaquearán, no nos sentiremos bien, nos faltará la armonía.
La energía que emana de los objetos materiales la percibimos aunque no estemos conscientes de ello. Por ejemplo cuando entramos en un lugar cuyas paredes son de madera sentimos una agradable sensación, la calidez que irradia su energía. Hilando un poco más fino podemos diferenciar entre la energía que irradian los objetos de pino sin teñir, fresca, alegre primaveral, del algarrobo más pesada, invernal.
Un sitio con muchos objetos de plástico será más frío, tocarlos no alimenta nuestra energía ni nos estimulan.
Las paredes de ladrillo transmiten una energía diferente a las de hormigón o de telgopor.
Los colores irradian energía, fácilmente podemos diferenciar la energía que emiten los colores cálidos (rojo, naranja) de los fríos (azules, verdes). Si permanecemos un tiempo prolongado en un cuarto cuyas paredes tienen colores muy cálidos comenzaremos a alterarnos, ese color intenso nos afectará animicamente. En cambio observar un campo verde nos tranquiliza, nos apacigua.
A esas energías propias de los materiales y los colores tenemos que sumarles la energía vital de aquellos que la habitan y la habitaron. Los artesanos que ayudaron a construir la casa también están presentes con la energía que día a día incorporaron con su trabajo.
Nuestros estados de ánimo son fáciles de reconocer en el clima energético que se vive en una casa. Luego de una pelea sentimos el aire cargado, el lugar se llena de una energía espesa y necesitamos abrir las ventanas para que el aire limpie esa energía molesta.
La energía amorosa es fácilmente reconocible. Una casa atendida, cuidada, querida por sus habitantes, tendrá y emanará armonía y felicidad.
Si observamos con atención nuestra casa, como si entráramos en ella por primera vez, podremos ver con mayor facilidad si la relación entre los ambientes, entre el adentro y el afuera, su emplazamiento, son energéticamente adecuados.
Pongamos atención a los sitios o lugares que nos incomodan, ya que ese es un síntoma de desequilibrio energético y habrá que modificarlo. Las soluciones podrán ser decorativas (color, muebles, plantas, etcétera) o arquitectónicas (abrir una ventana, cerrar una puerta, ampliar un ambiente).
Solucionar los problemas nos dará un mayor equilibrio energético y nuestra salud física y emocional estará agradecida.
Nota publicada en la Revista Testimonios, Nº 43, mayo 1998 en Ingeniero Maschwitz, Provincia de Buenos Aires.
Corregida en 2007 para “Sinérgico” Negocios Inmobiliarios.